viernes, 17 de marzo de 2017

Julián Cañizares


Revista Ayvelar, dirigida por el poeta Julián Cañizares



EL FUTURO DEL FUTURO

Por poner un ejemplo de hotel céntrico,
pero que no existe en realidad, el Asturias.
Guitarra y Guitarro acuden desde ciudades distintas
a ese hotel, de otra ciudad, a pasar el fin de semana.
Hasta aquí normal. No hay grandes aspavientos.
El precio no lo conozco, creo que eso no importa.
Un hotel tirando a viejo, una madera que predomina.
Durante dos noches, Guitarra y Guitarro, mientras duermen,
sueñan, y a la mañana siguiente, recién levantados,
escriben en una libreta sus respectivos sueños, con detalles,
todo lujo de detalles, hasta la extenuación.
Buscan un sueño coincidente.
En la calle del hotel pasea un montón de gente.
Madrid es la capital de España.
Los sueños no son sueños son, sino algo más.
Guitarra y Guitarro, cuando encuentren ese sueño,
vivirán juntos, y eso es hermosísimo, muy cercano.
¡Qué detalle de la naturaleza para con nosotros!



RÍOS

En este mundo de rozaduras, se lucen los ríos solos.
Ya no son azules, sino verdes, y rozan el terreno,
que puede ser un valle o una lateral del cielo,
rozando oportunamente porque así se gestiona todo.
En este mundo de rozaduras yo rozo con las manos,
con el bolígrafo. Y rozo cuando me he vuelto serio,
cuando he repudiado el interior de una ventana,
en tanto llueve en alguna parte, o un pájaro come.
Rozo mis pies en la playa y la playa me roza a mí,
y este empate técnico se aparece al mundo exterior.
En este mundo de rozaduras el resto sustituye lo que no ves,
un centro lleno de superficies que pueden ser cosas.
El pájaro que no vuela roza el aire, y el pájaro que vuela
también está rozando el aire con las alas que rozan
al pájaro, que me roza a mí cuando lo contemplo,
y que yo rozo lo que vive junto a mis perfiles.


                                                   JULIÁN CAÑIZARES (1972)



Julián Cañizares Mata (Albacete, 1972) ha publicado Travis poemas (Diputación de León, 1999), Los elementos del clima (Aventis, 1999), El hombre sin cabeza, El gato Wilson y El condotiero Fajardo, dentro del libro Tres tipos con gafas (Academia de Samotracia, 2001) y Sustituir estar (DVD, 2009). Es director de la revista literaria Ayvelar.

martes, 7 de marzo de 2017

Antonio Colinas





Canto XXXV



Me he sentado en el centro del bosque a respirar.
He respirado al lado del mar fuego de luz.
Lento respira el mundo en mi respiración.
En la noche respiro la noche de la noche.
Respira el labio en labio el aire enamorado.
Boca puesta en la boca cerrada de secretos,
respiro con la sabia de los troncos talados,
y, como roca voy respirando el silencio
y, como las raíces negras, respiro azul
arriba en los ramajes de verdor rumoroso.
Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce
sombrío de mis venas toda la luz del mundo.
Y yo era un gran sol de luz que respiraba.
Pulmón el firmamento contenido en mi pecho
que inspira la luz y espira la sombra,
que recibe el día y desprende la noche,
que inspira la vida y espira la muerte.
Inspirar, espirar, respirar: la fusión
de contrarios, el círculo de perfecta consciencia.
Ebriedad de sentirse invadido por algo
sin color ni sustancia, y verse derrotado,
en un mundo visible, por esencia invisible.
Me he sentado en el centro del bosque a respirar.
Me he sentado en el centro del mundo a respirar.
Dormía sin soñar, mas soñaba profundo
y, al despertar, mis labios musitaban despacio
en la luz del aroma: "Aquel que lo conoce 

se ha callado y quien habla ya no lo ha conocido".


ANTONIO COLINAS (La Bañeza, León, 1946)


lunes, 13 de febrero de 2017

Jorge Manrique



Pendón primitivo de la Orden de Santiago



                    I


Recuerde el alma dormida,


avive el seso y despierte


contemplando


cómo se pasa la vida,


cómo se viene la muerte


tan callando,


cuán presto se va el placer,


cómo, después de acordado,


da dolor;


cómo, a nuestro parecer,


cualquiera tiempo pasado


fue mejor.




                   II


Pues si vemos lo presente


cómo en un punto se es ido


y acabado,


si juzgamos sabiamente,


daremos lo no venido


por pasado.


No se engañe nadie, no,


pensando que ha de durar


lo que espera,


más que duró lo que vio


porque todo ha de pasar


por tal manera.




                   III


Nuestras vidas son los ríos


que van a dar en la mar,


que es el morir;


allí van los señoríos


derechos a se acabar


y consumir;


allí los ríos caudales,


allí los otros medianos


y más chicos,


y llegados, son iguales


los que viven por sus manos


y los ricos.





JORGE MANRIQUE (1440-1479). De Coplas por la muerte de su padre.



martes, 24 de enero de 2017

Pedro Garfias

Mujer desnuda leyendo, de Robert Delaunay




Soledad



Bullía en su copa la noche, burbujeada de luceros. Lentos gritos
perdidos la recorrían, palpando aquí y allá las sombras, hasta hallar
una, profunda y tierna, donde cobijarse. Sabiamente, el viento pulsaba
las calles, tensa y vivas. A lo lejos, sobre el horizonte, glogloteaba el
día, como un agua presa.


PEDRO GARFIAS (1901-1967)




Pedro Garfias fue un poeta ultraísta, la primera vanguardia española. Nacido en Salamanca en 1901, firmó el manifiesto ultraísta en 1919 y fundó con Chabás y Rivas Panedas la revista Horizonte. En los años treinta ingresó en las filas del Partido Comunista de España y durante la Guerra Civil fue uno de los poetas más activos del bando republicano. Se exilió a Reino Unido primero y luego a México, donde falleció en 1967. Algunos de sus poemas han sido incluidos en el libro Las cosas se han roto. Antología de la poesía ultraísta, en edición de Juan Manuel Bonet. El volumen incluye poemas de sesenta escritores que van desde Ramón M.ª del Valle-Inclán a Jorge Luis Borges o Vicente Huidobro, el primer poeta latinoamericano que se adscribe a las vanguardias.

viernes, 20 de enero de 2017

Luis Cernuda


Joven de verde, por Tamara Lempicka



Si el hombre pudiera decir


Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquel que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío ;
Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina ,
Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,
La única libertad porque muero.
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.


LUIS CERNUDA (1902-1963). De ''Los placeres prohibidos'' (1931).

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Ángeles Mora





Amarrado al duro banco

                                                        A Errol Flynn


Siempre supimos
que la traición fue un arma de dos filos
o
que la muerte deja por los labios
viejo alfanje de Orán, oh cimitarra,
huellas de cianuro en cada puerto.


Aún así
no despejes la incógnita del día
déjala navegar...
y aunque la risa
sea tantas veces trágica
mente incierta
no dudes inventarla
cada hora a lo lejos:
la sucia mar de invierno
amarrada a aquel banco.


Más vale confundir y ser malditos
remeros de galeras
pues frente a la bajeza sonríe cada tarde
y el látigo del cómitre no olvida
repetir nuestra historia...
Más vale deslizarse a la deriva
saludar a la luna si te aburres
y regalar tu asco en la taberna.


Ser duro o ser esclavo
aun con ramas de espliego-


De todos modos, digo, no te excuses jamás.
Provoca galeotes, eso resulta claro
como una sobredosis de la vida.


A veces sólo queda huir hacia adelante
como lucha un corsario, atroz, en la bajura...



ÁNGELES MORA (Rute, 1952). De "Pensando que el camino iba derecho" (1985).

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Miguel Hernández



Nanas de la cebolla


La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
 

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
 

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
 

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
 

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
 

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
 

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.


MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942). De Cancionero y romancero de ausencias (1958).