jueves, 12 de enero de 2012

Carmen Garrido



Helena Almeida

¿Quién les pidió permiso?

Qué difícil es pasar de ser humano a ser ángel
De ser mujer a ser alado
Luego, vienen las consecuencias

Te ponen flores de esas blancas,
cuando tú prefieres el púrpura, color de la realeza

Olvidas que tu pelo fue negro
porque se queda como capucha de condenado,
sobre la calavera
Frotas los pies por la helada
y cae sobre la madera un hueso calcáneo,
haciendo un ruido que te da vergüenza
Los demás te miran...
aún no has asumido tu condición de pluma

Añoras la seda de la camisa blanca,
la de los sábados de cena,
la que al tacto te secreteaba lo hermoso de ser una dama
Detestas la doble piel formal, traje de chaqueta negro,
pendientes de perlas, presentable para el cielo
Buscas los roces del jabón sobre la piel
y sólo hay tacto de calcio ahuesado,
poco firme pero atemporal,
fuiste niña de hambre tremenda de una postguerra
Aborreces tanta letanía,
escuchas a los grajos, malditas bestias rudas

Tu alma por un blues, algo dulce que mueva las caderas,
este coxis que araña el ataud y escribe
Yo estuve enamorada de un hombre que me hacía volar

Qué duro -decía- es ser
Qué duro es estar

Las formas de la vejez dorándote lentamente
para acabar entre madera y bajo cruces
Y, sin embargo, ahora, darías la tibia y el peroné,
mojados por las humedades
A cambio, una arropía, enorme, color fresa,
lamida a escondidas en el corral

Tu alma por una espalda, pura carne,
epidermis con su dosis de body milk
Lejos de estos lugares demasiado santos

Qué duro
-me murmuras en esas noches en que te hartas-
es, hija mía, descansar en paz.

Carmen Garrido, Garum