martes, 26 de junio de 2012

Federico García Lorca

Balada de un día de julio



Esquilones de plata
llevan los bueyes.
¿Dónde vas, niña mía,
de sol y nieve?
Voy a las margaritas
del prado verde.
El prado está muy lejos
y miedo tiene.
Al airón y a la sombra
mi amor no teme.
¿Teme al sol, niña mía,
de sol y nieve?
Se fue de mis cabellos
ya para siempre.
¿Quién eres, blanca niña?
¿De dónde vienes?
Vengo de los amores
y de las fuentes.
Esquilones de plata
llevan los bueyes.
¿Qué llevas en la boca
que se te enciende?
La estrella de mi amante
que vive y muere.
¿Qué llevas en el pecho
tan fino y leve?
La espada de mi amante
que vive y muere.
¿Qué llevas en los ojos,
negro y solemne?
Mi pensamiento triste
que siempre hiere.
¿Por qué llevas un manto
negro de muerte?
¡Ay, yo soy la viudita
triste y sin bienes!
Del conde del Laurel
de los Laureles.
¿A quién buscas aquí
si a nadie quieres?

Busco el cuerpo del conde
de los Laureles.
¿Tú buscas el amor,
viudita aleve?
Tú buscas un amor
que ojalá encuentres.
Estrellitas del cielo
son mis quereres,
¿Dónde hallaré a mi amante
que vive y muere?
Está muerto en el agua,
niña de nieve,
cubierto de nostalgias
y de claveles.
¡Ay! caballero errante
de los cipreses,
una noche de luna
mi alma te ofrece.
Ah Isis soñadora,
niña sin mieles,
la que en boca de niños
su cuento vierte.
Mi corazón te ofrezco,
corazón tenue,
herido por los ojos
de las mujeres.
Caballero galante,
con Dios te quedes.
Voy a buscar al conde
de los Laureles…
Adiós mi doncellita,
rosa durmiente,
tú vas para el amor
y yo a la muerte.
Esquilones de plata
llevan los bueyes.
Mi corazón desangra
como una fuente.




FEDERICO GARCÍA LORCA (Fuente Vaqueros, 1898- Granada, 1936)

lunes, 18 de junio de 2012

Jaime Gil de Biedma


NOCHES DEL MES DE JUNIO

Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

JAIME GIL DE BIEDMA (Barcelona 1929-1990)

Ver: Diario EL PAÍS

lunes, 11 de junio de 2012

Luis de Góngora



La más bella niña

La más bella niña
de nuestro lugar,
hoy viuda y sola
y ayer por casar,
viendo que sus ojos
a la guerra van,
a su madre dice
que escucha su mal:
Dexadme llorar,
orillas del mar...
Pues me diste, madre,
en tan tierna edad
tan corto el placer
tan largo el penar,
y me cautivastes
de quien hoy se va
y lleva las llaves
de mi libertad,
Dexadme llorar,
orillas del mar...
En llorar conviertan
mis ojos de hoy más
el sabroso oficio
del dulce mirar,
pues que no se pueden
mejor ocupar
yéndose a la guerra
quien era mi paz,
Dexadme llorar,
orillas del mar...
No me pongáis freno
Ni queráis culpar;
que lo uno es justo,
lo otro por demás.
Si me queréis bien
no me hagáis mal;
harto peor fue
morir y callar.
Dexadme llorar,
orillas del mar...
Dulce madre mía,
¿quién no llorará,
aunque tenga el pecho
como un pedernal,
y no dará voces
viendo marchitar
los más verdes años
de mi mocedad?
Dexadme llorar,
orillas del mar..
Váyanse las noches,
pues ido se han
los ojos que hacían
los míos velar;
váyanse, y no vean
tanta soledad
después que en mi lecho
sobra la mitad.
Dexadme llorar,
orillas del mar...

LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE (Córdoba, 1561-1627)

domingo, 3 de junio de 2012

Benjamín Prado


    NO
    No es entregar el mundo al poder de la usura.
    No es prohibirle el médico que cure al inmigrante.
    No es sacarle a Alemania el cubo de basura.
    No es mandar policías contra los estudiantes.

    No es que sean los ricos los que escriben las leyes.
    No es que paguen los pobres lo que debe el banquero.
    No es hacerse los ciegos cuando pasan los reyes.
    No es convertir la empresa en la cárcel del obrero.

    No es echar de su casa al que vive entre ruinas.
    No es cobrarle al enfermo por usar la ambulancia.
    No es recortar maestros, ni negar medicinas,
    ni utilizar las crisis para marcar distancias.

    No es caminar encima de los desempleados.
    No es encontrar petróleo dentro de la desgracia.
    No es dar de beber sangre al lobo de los mercados.
    Eso no es hoy, ni ha sido nunca la democracia.

BENJAMÍN PRADO (Madrid, 1961)